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lunes, 16 de enero de 2012

CARTA ABIERTA

"No más extranjeros ni huéspedes, pero de la familia de Dios." (cf. Ef 2,19)

La Congregación de las Hermanas Misioneras de S. Carlos Borromeo – Scalabrinianas realizó del 24 al 29 de noviembre de 2011, el IV Seminario Congregacional de Pastoral de los Migrantes. Este evento tuvo lugar en el centro Diocesano de Formación Pastoral, en Caxias Sul-RS, Brasil y contó con la participación de 76 personas de varios países entre ellas, hermanas Misioneras Scalabrinianas, Laicos Misioneros Scalabrinianos e invitados.

El seminario tuvo como tema: "Rostros de la migración, un signo de los tiempos" y el objetivo de profundizar las diferentes realidades de la migración para responder con dinamismo y profecía a los desafíos actuales.

Este evento consistió en el estudio, análisis y profundización de la complejidad de la migración en los diversos aspectos de las migraciones contemporáneas: características y tendencias; cambio climático y desplazamientos ambientales; la feminización de la migración y el diálogo intercultural e interreligioso. Demostró que el flujo migratorio, en su componente de movimiento hacia dentro y hacia fuera, no constituye una experiencia restringida, limitada a algunas zonas, pero es un fenómeno mundial, común a todos los continentes.

Conforme la OIM, el número de migrantes internacionales totaliza 214 millones, 49% son mujeres. El número de refugiados reconocidos por ACNUR y el UNRWA suman un total de más de 20 millones, y la mayoría de ellos está en África y Asia. En los últimos años, también llama la atención la cuestión de los desplazados ambientales.

La reciente crisis económica ha provocado el retorno de los migrantes a sus países de origen. Hay signos claros que los desplazamientos de los países desarrollados -principales objetivos de la crisis - disminuyen, con el aumento concomitante de flujos hacia los países emergentes. Todo indica que habrá en los próximos años una mayor diversificación de los flujos y, quizás, una marcada circularidad de las migraciones. Al mismo tiempo, habrá desplazamientos más o menos forzados, causados por factores contingentes y contextuales, como conflictos bélicos, las crisis políticas y fenómenos climáticos o ambientales.

La presencia y actuación de la Congregación junto a los migrantes es un diferencial en la Iglesia y en la sociedad, difundiendo el aprecio a la persona del migrante, al reconocerlo como sujeto y protagonista de su historia, capaz de provocar transformaciones en la sociedad donde se inserta, haciéndolo ciudadano en la nueva patria.

El migrante, participando del proyecto divino, colabora para que la tierra y los espacios eclesiales y comunitarios se tornen lugar de fraternidad, de compartir y gratuidad, anticipación de aquel banquete del Reino, donde todos y todas somos de la misma familia de Dios (Ef 2.19), donde nadie es excluido pero sí llamados por el Padre por su propio nombre.

La Congregación de las Hermanas Misioneras Scalabrinianas y el Movimiento Laicos Misioneros Scalabrinianos, en virtud de la fuerza del carisma, consideran los migrantes personas de derechos y portadores de cultura, caminan con ellos, haciendo procesos de integración y construcción de la ciudadanía. Los reconoce como "profetas de cambios" portadores de esperanza, cuestionan el actual paradigma de desarrollo, su modelo civilizatorio y señala nuevas formas de convivencia.

Constataciones

Se constató que, en varios países de destinos migratorios y bajo la presión de nacionales, los gobiernos aprueban leyes desconsiderando los convenios y acuerdos internacionales; las políticas migratorias a menudo no consideran los derechos humanos, hiriendo a los migrantes en su dignidad; los migrantes son detenidos en centros de detención sin las mínimas condiciones humanas, las fronteras están cerradas a la circulación de personas, en cuanto están abiertas libremente a las finanzas, comercio, promoviendo así el crecimiento del racismo y de la xenofobia.
Esta realidad es interpeladora, pues, además de razones económicas, se multiplican cuestiones políticas, sociales y ambientales que provocan los movimientos migratorios. En este contexto, se intensifica la violación de los derechos humanos expresado principalmente en el tráfico de personas, trabajo esclavo y la servidumbre por deudas y criminalización de los migrantes. Los medios de comunicación, sustentados por el sistema político, presentan a los migrantes como mentores de la delincuencia e invasores que se apropian de los recursos del país donde llegan.
Los/las participantes del Seminario con un corazón compasivo y actitud de solidaridad interpelan:
A la Iglesia
-       reconocer a los migrantes y refugiados como "signo de los tiempos", a través de los cuales Dios llama a vivir más plenamente la dimensión católica y su vocación de peregrina, pues, ella es punto de referencia muy importante para la protección de la identidad de los migrantes. Una de sus grandes responsabilidades es trabajar para la formación de sus dirigentes, que buscan el cambio de actitud frente a esta realidad respondiendo con flexibilidad a las nuevas demandas presentadas por los movimientos migratorios.

A los gobiernos y a la Sociedad Civil
-       para respetar y defender la dignidad y los derechos humanos, especialmente la libertad de conciencia y libertad religiosa de los migrantes y refugiados que se encuentran en situación regular o irregular, teniendo en cuenta que sólo las políticas restrictivas respecto a las personas en movilidad no son idóneas para regularizar los flujos migratorios.
-       desarrollar y crear oportunidades para la reunificación familiar y la unidad de la familia migrante. Mantener los lazos de la familia es esencial para ser plenamente humanos y garantizar la estabilidad social.
-       uso de todos los medios disponibles para evitar tragedias que resultan en la pérdida de vidas de migrantes en las inúmeras fronteras del mundo.
-       tratar los migrantes y refugiados sin perjuicio y combatir el racismo, la xenofobia y el nacionalismo extremo.
Los/las participantes reunidos en el IV Seminario de Pastoral de los Migrantes son conscientes de la complejidad del movimiento mundial de los migrantes y refugiados en el mundo de hoy y del gran sufrimiento impuesto a millones de personas.
Renuevan su compromiso con los migrantes, fortaleciendo las acciones locales en una perspectiva global y trabajando en red con organizaciones nacionales e internacionales.
Reconocen el migrante, en sus diferentes rostros, como "signos de los tiempos" y la llamada que Dios hace a todos a vivir más plenamente la acogida y la solidaridad en la Iglesia y en el mundo, caminando con los migrantes y refugiados en las huellas de Jesús y en sus enseñanzas, especialmente considerando la verdad que Él proclamó en el discurso escatológico: "Yo era forastero y me acogiste" (Mt 25, 35).
Caxias do Sul/RS/BR, 29 de noviembre de 2011.

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